Cuando llega la noche, a Luna le cuesta conciliar el sueño. Y eso que aún, tiene los años para creer en princesas, cuentos de hadas, brujas y dragones . Y le tiene miedo a la oscuridad.
Un miedo a vivir rodeada de creencias erróneas y supersticiones varias, que ni siquiera las campañas educativas han conseguido mermar y que el mundo adulto reproduce en ocasiones, sin atender al pensamiento crítico.
