Más allá del mar- parte I

La elección de nuestra carrera laboral puede condicionar formas de vivir, de pensar, de entablar cualquier tipo de relación.En el mejor de los casos,vamos a pasar más de un tercio de nuestra vida en el laburo.

Alguna de estas profesiones, condicionará la forma de ver la realidad, sus horarios, su tiempo libre, incluso su forma de hablar, de relacionarse con el entorno será distinta.

¿Quieren ponerse en la piel, de un Jefe de Máquinas, de un buque mercante español?

Y sino, que se lo digan, al protagonista de este relato Diego. Un Jefe de Máquinas,nuestro protagonista nos cuenta su historia. Que la disfruten, aquí está la primera parte.

Hace un ratito que sonó el despertador

 

      Noto como el barco se tambalea perezosamente, y aprovecho una escora a babor para rodar Hace un ratito que sonó el despertador. Cuando vuelva a sonar serán las ocho y diez. Fuera apenas ha empezado a clarear el día. Me desperezo con cierto fastidio y resignación. La jornada comienza a las ocho, pero alguna ventaja tenía que tener ser el Jefe…

Fuera de mi cama. El espejo del baño me devuelve la misma cara de fastidio que imaginaba, y que intento borrar con un buen chorro de agua fría. Lo consigo a medias. Empieza un nuevo día, y curiosamente, deseo que sea como los demás. Las sorpresas no suelen traer nada bueno a tres mil metros de altura sobre el fondo del Atlántico.

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Una impresionante luna roja, que se puede contemplar en alta mar.. “Es más allá de la luna”

 

 

Salgo del diminuto habitáculo al que llaman dormitorio, y entro en el salón de mi camarote. Mecánicamente, miro al panel repetidor de alarmas. Vacío, empezamos bien. Segunda mirada, al calendario. Éste me devuelve la evidencia de ocho semanas a bordo, lo que viene a decirme que aún me quedan otras tantas por delante.

Pero lo más doloroso es que también significan ocho semanas desde que me despedí de mi mujer, en su trabajo, y me encaminé al taxi. Ciento cincuenta metros, con la mirada fija en el vehículo blanco. Apenas minuto y medio en el que hago recuento de todo lo que llevo y compruebo que no falta nada. Eso me lleva el primer medio minuto. Después haces inventario de las despedidas y de las vacaciones, revives los últimos minutos con tu gente. Tus últimos minutos de vida. Y después, en silencio, te despides de ellos. Es necesario hacerlo. Queda medio minuto para subir al taxi, y debes dejar salir a Diego, y dejar que el Jefe de Máquinas, ocupe su lugar, llenando tu mundo y consciencia. Un proceso en el que comienzas a cargar en tu mente los “programas” necesarios para tu nueva etapa. Los que te hacen recordar lo que es un barco, qué es babor y estribor, cómo se arrancaba el motor, y comienzas a hacer tuyas cosas que hasta ese momento, solo eran noticias de tus compañeros. Y así hasta que llegas al taxi, dejas el trolley en el maletero (viajo ligero de equipaje), y le dices al conductor que te lleve a Ranón, y culmina la transformación.

 

En realidad sé que ese proceso empieza antes. Incluso antes que me llamen para embarcar, ya empiezo a oler a barco. Intento que no se me note, pero creo que no lo consigo. Las dos personas que han vivido a mi lado ese periodo, han terminado notándolo, lo sé. Estoy más tenso. Dejo de tener la cabeza en lo que estoy, cada vez más a menudo, y cuando la tengo a lo que estoy, suelo estar con preparativos para el viaje. Sin embargo, creo que nunca han sabido cómo vivo esos días previos. Cómo intento atesorar cada segundo a su lado. Las veces que me he quedado aspirando a través de su pelo, intentando grabar su aroma en mi cerebro. Mis abrazos por la noche, se vuelven intento de hacer un mapa de la orografía de su cuerpo contra el mío. Y en cada caricia, mis neuronas pugnan por no olvidar el tacto de su piel. Así mismo, recuerdo el peso de mi hijo cuando lo levanto para besarle por última vez, y nada me gusta más que percatarme de cómo cada día me cuesta más hacerlo. Probablemente, tampoco se percataron de cómo elijo mis últimas comidas en casa, intentando disfrutar los sabores que no volveré a probar en 4 meses, ni cada uno de los múltiples detalles que conforman ese proceso de adaptación. Un proceso necesario para preservar esos 4 meses de vida como la parte más importante de los 12 meses del año, frente a los 8 que paso embarcado. En un intento de no olvidar que mi vida son esas sensaciones y esos sentimientos, no mi trabajo. (Continuará)

Y más, materia prima autóctona, como estos chicos que suenan como si fueran del otro lado del charco, aunque son un grupo muy internacional, con ese toque sesentero que nunca pasa de moda…

“Beyond the sea”

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