El inventor que confiaba en sí mismo

El spanish aerocar, transbordador del Niágara en sus comienzos. Lleva funcionando desde  1916,  su barquilla lleva los colores de la bandera de España, rojo y amarillo gualda.

Describir las diferentes aristas de una personalidad de creatividad e inventiva tan desbordante como fue Leonardo Torres Quevedo, no parece una tarea sencilla. Aunque este desafío lo desenvuelve con solvencia uno de los mayores divulgadores y estudiosos de la obra del polímata cántabro, como es el Doctor en Matemáticas (UPM) y en Filosofía de la Ciencia (UCM), investigador  y miembro de la Sociedad Menéndez Pelayo, Don Francisco A. González Redondo.

Ha publicado para la editorial Libros de la Catarata  en colaboración con la Fundación Ramón Areces y la Real Sociedad Española de Física una biografía del inventor cántabro condensada en poco más de 100 páginas. En Leonardo Torres. Su vida, su mundo se divulgan  para el gran público aspectos muy  desconocidos del inventor.

El libro está organizado en 9 capítulos con fotografías e ilustraciones de sus diferentes creaciones y patentes. Leonardo comenzó su andadura profesional  como ingeniero de ferrocarril en la línea Sevilla-Huelva, también se empapó de conocimientos científicos en su viaje de estudios por Europa y desarrolló su faceta como inventor en la casa familiar del Valle de Iguña (Cantabria), ideando muchos de los útiles inventos que nos acompañan en la moderna cotidianeidad  como el mando a distancia o la calculadora y que hoy se puede visitar en el  espacio museístico que dispone de exposición permanente.

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